viernes, 5 de noviembre de 2010

En la era digital predominan los libros de texto impresos

Publicado por Velveth en Nov 4th, 2010 Puedes saltar al final y dejar un comentario.

Jason Mariasis, el presidente de Empresarios Hamilton College’s Club, que inició un sitio web que permite a los estudiantes vender libros de texto entre ellos. Foto Heather Ainsworth, The New York Times

CLINTON, Nueva York. Envían mensajes de texto a sus amigos todo el día. Por la noche, investigan para sus ensayos en computadoras portátiles y se comunican con sus padres por Skype. Sin embargo, mientras caminan por los senderos del Colegio Hamilton, una perfecta institución de humanidades en este pueblo al norte del estado, los estudiantes todavía cargan libros de texto, estorbosos y anticuados, y les encantan.

“No se va la imagen”, comentó Faton Begolli, estudiante de segundo año, oriundo de Boston. “No tienen virus. No sería lo mismo sin los libros. Han definido a la academia’ por mil años”.

Aunque el mundo de lo impreso retrocede ante una ola de libros digitales, bitácoras y otros sitios web, una generación de estudiantes universitarios acostumbrada a la tecnología parece pegarse a los libros de texto tradicionales. Esa lealtad tiene un precio. Los libros son caros – los correspondientes a un año pueden salir en 700 a 900 dólares – y la frustración de los estudiantes por el gasto, así como el surgimiento de tecnologías nuevas, han producido un conjunto desconcertante de opciones para obtenerlos.

Detallistas en Internet, como Amazon y Textbooks.com, venden libros nuevos y usados. Se les han unido varios servicios web que rentan libros de texto por semestre a los estudiantes. Unas 1,500 librerías universitarias también ofrecen libros rentados este otoño, en comparación con las 300 del año pasado. Aquí, en Hamilton, los estudiantes este año tienen una nueva forma de evitar al intermediario: un sitio web no lucrativo, creado por el Entrepreneur Club de la Universidad, permite venderse libros usados unos a otros.

La explosión de tiendas y formatos – incluidos los libros digitales, que se vuelven más sofisticados con rapidez – ha dejado perplejos a algunos estudiantes. Tras terminar con la pesada tarea de elegir cursos, están obligados a sopesar el costo contra la conveniencia, analizar sus propios hábitos de estudio y adivinar cuáles textos conservar en los años por venir y cuáles no les harán falta.

“Depende del curso”, dijo Victoria Adesoba, estudiante de premédica en la Universidad de Nueva York, quien estaba parada afuera de la librería de la facultad, y colgaba de su hombro una bolsa azul claro con libros.

“El semestre pasado, renté para psicología, y fue más barato. Sin embargo, para algo como química orgánica, necesito conservar el libro. Los libros de texto electrónicos son buenos, pero es tentador entrar en Facebook, y puedes forzar la vista”.

A pesar de todo lo que se dice de que su generación es la más tecnológicamente hábil en la historia, los libros de texto en papel y tinta no parecen destinados a un pronto olvido.

Según la Asociación Nacional de Librerías Universitarias, los digitales representan poco menos de 3% de las ventas de libros de texto, aunque espera que aumente a 10% ó 15% en 2012, ya que hay más títulos disponibles en versión electrónica.

En dos estudios recientes – uno de la Asociación y otro de la red nacional de defensoría, Student Public Interest Research Groups – tres cuartos de los estudiantes encuestados dijeron que aún prefieren un libro encuadernado que uno digital.

Muchos estudiantes son renuentes a renunciar a la posibilidad de hojear rápidamente los capítulos, escribir al margen y resaltar partes, aunque nuevas aplicaciones de programas informáticos empiezan a permitir usar las versiones electrónicas de esa forma.

“Los estudiantes crecieron aprendiendo en libros impresos”, señaló Nicole Allen, la directora de la campaña de libros de texto de los grupos de investigación, “así que a medida que hacen la transición a la educación superior, no sorprende que tengan una preferencia por un formato al que están más acostumbrados”.

En efecto, muchos alumnos de Hamilton se apasionaron mucho con los pesados tomos que todavía llevan a cuestas de los dormitorios al salón de conferencias o a la biblioteca, incluso mientras chequean compulsivamente sus teléfonos inteligentes para ver mensajes de texto y correos electrónicos.

“Creo que el codex es uno de los mejores inventos de la humanidad”, expresó Jonathan Piskor, un estudiante de segundo año, originario de Carolina del Norte, que utilizó el término en latín para libro.

Esa pasión puede ser una razón por la que Barnes & Noble College Booksellers trabaja tan duro para comercializar su nuevo programa informático, NOOKstudy, que permite navegar por los libros de texto electrónicos en computadoras Mac y personales. La empresa, que opera en 636 librerías universitarias en todo Estados Unidos, incluida la de Hamilton, introdujo gratuitamente la aplicación el verano pasado, esperando incitar a más estudiantes a adquirir sus versiones electrónicas.

“La verdadera dificultad es hacerlos que lo prueben”, dijo Tracey Weber, la vicepresidenta ejecutiva para libros de texto y educación digital de la empresa.

Está regalando el “College Kick-Start Kit” a estudiantes que bajen el NOOKstudy en el semestre de otoño, con recetas de fideos ramen y una docena de clásicos electrónicos, como “Los cuentos de Canterbury” y “La letra escarlata”. CourseSmart, un consorcio de importantes editores de libros de texto, permite que los estudiantes prueben gratis cualquier versión electrónica durante dos semanas.

No todos los libros de texto están disponibles en formato digital o para renta. En Hamilton, por ejemplo, sólo cerca de un quinto de los títulos se vende en versión electrónica este otoño. Un libro sobre derecho constitucional costaba 189.85 dólares nuevo, 142.40 dólares usado y se rentaba en 85.45 dólares. (Típicamente, una versión electrónica es más barata que un libro usado, aunque más cara que rentado.)

“Los estudiantes crecieron aprendiendo en libros impresos, así que a medida que hacen la transición a la educación superior, no sorprende que tengan una preferencia por un formato al que están más acostumbrados”.
Nicole Allen,
Directora de la campaña de libros de texto de los grupos de investigación.

El gasto en libros de texto universitarios, que se estima aumentó cuatro veces el índice inflacionario en los últimos años, se ha vuelto tan preocupante que algunos políticos han hecho suya la causa. En septiembre, el senador por Nueva York, Charles E. Schumer, exhortó a que más librerías universitarias renten libros, después de que su oficina levantara una encuesta en 38 librerías en campus de la Ciudad de Nueva York y en Long Island, y encontrara que 16 no ofrecían esa opción.

Recientemente, estudiantes de más de 40 universidades en todo Estados Unidos planearon el Día de Acción de los Libros de Texto Asequibles, organizado por los Student Public Interest Research Groups, para alentar al profesorado a seleccionar textos menos caros o que se ofrecen gratis en línea.

Por ahora, prevalece la compra de libros a la antigüita – nuevos o usados. Charles Schmidt, el vocero de la Asociación Nacional de Librerías Universitarias, dijo que si una librería en campus vende un libro nuevo en 100 dólares, es típico que lo readquiera en 50 dólares al final del semestre y se lo venda al siguiente estudiante en 75 dólares.

No obstante, el precio de readquisición se desploma si un catedrático quita el libro (o la edición) del plan de estudios o si la librería compró suficientes ejemplares para satisfacer la demanda. Cuando Louis Boguchwal, de primer año de las maestrías en economía y matemáticas en Hamilton, trató de revenderle a la librería un libro de texto de álgebra linear de 100 dólares y le ofrecieron 15 dólares.

“Fue insultante”, dijo. “Prácticamente, te dan nada”. De ahí la creación del nuevo sitio web no lucrativo de Hamilton, getmytextbooks.org. Hasta ahora, el movimiento ha sido ligero: sólo se han vendido unos 70 libros este otoño. Sin embargo, Jason Mariasis, el presidente del Entrepreneur Club, dijo que espera un repunte en las ventas a medida que se corra la voz. El sitio también menciona a cientos de otras universidades.

Begolli, miembro del club, vendió recientemente tres novelas alemanas en 17 dólares en el sitio. “Si se las hubiese revendido a la librería, habría obtenido siete u ocho dólares”, dijo. “La librería es rey cuando se trata de la venta de libros de texto. Sentimos que debería haber algo para los estudiantes de los estudiantes”.

No obstante, algunos de ellos tienen que hacerlo solos. Rosemary Rocha, de 26 años, estudiante de la NYU, que cursa hospitalidad y administración turística, sumó el costo de las lecturas obligatorias para el semestre: 600 dólares. “Es duro”, dijo. “Actualmente cobro por desempleo, así que no podré pagarlos”.

En cambio, espera sacar unos cuantos ejemplares que sus profesores dejan en reserva en la biblioteca, o confía en la bondad de compañeros de clase.

“Mis amigos me prestarán sus libros a cambio de café o una rebanada de pizza”, explicó. “Es raro que compre libros de texto, pero siempre ando como gallina sin cabeza”.

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