miércoles, 31 de agosto de 2011

Un provocador en sus frases y riguroso en asuntos del idioma

El nuevo Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances se formó leyendo los clásicos en sus idiomas originales

FERNANDO VALLEJO. Es autor de novelas, ensayos y biografías; llegó a México hace 40 años, en este país hizo sus tres películas y aquí también ha escrito sus libros (Foto: FERNANDO RAMÍREZ EL UNIVERSAL )


En febrero pasado, el escritor Fernando Vallejo cumplió 40 años de vivir en México, en la calle de Amsterdam, de la colonia Condesa.

Antes de venir a este país, el escritor había salido de su ciudad natal, Medellín, al noroeste de Colombia, a estudiar cine: “Me dio por el embeleco del cine -dijo en 2010 en una entrevista con EL UNIVERSAL-. Me fui a estudiar dirección de cine en Roma y luego terminé en México, donde había una industria cinematográfica que no existía en Colombia, y aquí filmé mis tres películas. Luego me desilusioné del cine y me puse a escribir”.

En este país realizó las películas Crónica Roja (1977) y En la tormenta (1980), ambas con temática acerca de la violencia colombiana. Después hizo Barrio de campeones y años más tarde incursionaría de nuevo en el cine, pero como guionista de su libro La virgen de los sicarios que fue dirigida por Barbet Schroeder. Aquella novela es, sin duda, la que más le ha dado a conocer entre los lectores no sólo de Colombia y América Latina, sino del resto del mundo.

También esa novela tenía por escenario la ciudad de Medellín, donde Vallejo nació en 1942, una ciudad que en sus libros está presente, una ciudad que añora con evidente nostalgia: “Aquí (en México) he vivido la mayor parte de mi vida, aquí filmé mis tres películas y aquí he escrito todos mis libros, pero aquí no me quiero morir -dijo en la entrevista-. Me quiero morir en Medellín para juntar allí los restos del naufragio y no morir desintegrado. Volviendo al comienzo, a lo que fui cuando era niño, que es cuando he sido más yo mismo. Me he pasado toda la vida añorando a Medellín. Yo nací para vivir en esa ciudad, no en otra, pero no pudo ser. Uno no hace lo que quiere. O por lo menos no lo he podido hacer yo”. (Esto comentó hace unos meses, sin embargo ayer dijo a la prensa que morirá en México).

Para cuando el libro y la película de La virgen de los sicarios se dieron a conocer, el narrador ya era uno de los escritores más sólidos de las letras en América Latina, con libros como los que componen la serie “El río del tiempo”: Los días azules (1958), El fuego secreto (1987), Los caminos a Roma (1988), Años de indulgencia (1989) y Entre fantasmas (1993).

La homosexualidad, la doble moral de las religiones, la transformación de una ciudad -llámese Medellín en las primeras obras, llámese México en el caso de Entre fantasmas-, la distancia del lugar donde se nació, el personaje que es el propio escritor y que nos habla en primera persona, la corrupción, la violencia, están presentes en esos libros y en los que han venido después. Algunos de ellos son los titulados Mi hermano el alcalde, El desbarrancadero (Premio Rómulo Gallegos en 2003).

En todo caso, a Vallejo le interesa escribir de su ciudad para aproximarse cada vez más a la exploración de lenguajes. Le preocupa, más que a muchos escritores, la pobreza y contaminación del idioma castellano.

“Este idioma nuestro perdió toda su expresividad y su gracia, y se anglizó y perdió el sentido elemental de la concordancia y el régimen que uno aprende de niño sin esfuerzos. Perdió su casticidad y se volvió un adefesio anglizado. Los gringos nos colonizaron hasta el alma”.

Acerca de la literatura de Vallejo, es errado afirmar que la oralidad es la que le da forma:

“Yo escribo en idioma literario vivificado por el habla, y más en concreto por el habla colombiana. Las frases mías tienen ritmo y sonoridad y emplean muchas fórmulas sintácticas propias de la prosa, no del coloquio. El que haya colombianismos en mis novelas no significa que éstas estén escritas en colombiano”.

La polémica, sus frases provocadoras, con frecuencia, han hecho que el novelista sea más conocido por lo que dice que por lo que escribe.

Tras una decisión férrea de no dar entrevistas, hace una década empezó a hablar. Sus palabras provocaron, en especial en el Colombia, la reacción de las buenas conciencias.

Provocador y desmesurado por momentos, el escritor colombiano -nacionalizado mexicano en 2007- ha sido congruente con lo que dice. Se ha mantenido firme, por ejemplo, en su negativa de volver a España, una vez que ese país exigió visa a los nacidos en Colombia.

El escritor vive en La Condesa con el escenógrafo mexicano David Anton y con Quina -“con Q, como la que se le echa al vodka”-. Una perra que tiene casi una década con ellos, que estaba en la calle y que es “mezcla de Alaska con no se sabe qué”. Una perra que le recuerda a Kim, la perra que tuvieron antes, y que había llegado a su vida después de Bruja, animal que se hizo cotidiano en varias de sus novelas. Bruja fue un personaje de quien se despidió en la novela Entre fantasmas; de ella, y de los miles de muertos que ocasionó el sismo de 1985 en la ciudad de México.

Vallejo fue en su infancia lector de clásicos de la literatura en sus idiomas originales -que aprendió por su cuenta-. Estudió filosofía, música y derecho, es pianista, director de cine, autor de 16 libros, entre novelas, biografías y obras científicas para las cuales acostumbra destinar años de investigación: 10 para la biografía de Barba Jacob, El mensajero; 10 de estudio de ciencias biomédicas para La tautología darwinista; cuatro para el Manualito de imposturología física; y más de dos para La Puta de Babilonia, “el sumario que le levanté al cristianismo de sus más grandes crímenes”.

Aunque son más de cuatro décadas de vivir fuera de Colombia, Vallejo tiene en la escritura una forma de seguir viviendo en Colombia:

“Haberme ido es uno de los más grandes temas de mi vida. Pero he estado volviendo todo el tiempo en mis libros cuando escribo. A lo mejor nunca me he ido de Colombia y sigo con el alma allá”, dijo el novelista.

En ese sentido, la vida del premio FIL de Literatura en Lenguas Romances coincide mucho con la del poeta colombiano Porfirio Barba Jacob, quien nació también en el departamento de Antioquia (cuya capital es Medellín) y que viajó por países de Centroamérica y creó en México su obra literaria. De Barba Jacob, Vallejo escribió El mensajero, la más importante biografía que se ha hecho hasta ahora, y prologó su obra poética.

“La vida de Barba Jacob coincide en mucho con la mía, empezando porque él como yo somos de la región de Antioquia, y siguiendo porque él murió nueve meses antes de que yo naciera, y más aún porque tenía una concepción de la vida parecida a la mía. Lo que Porifirio Barba Jacob sí nunca vio fue el dolor de los animales. Por lo visto no le dio el alma para tanto. Con lo cual pienso que, por excepcional que hubiera sido y pese a su gran inteligencia, resultó siendo una persona del común”.

Polémico en muchos momentos, Vallejo ha criticado a los presidentes colombianos y mexicanos, así como a intelectuales, escritores, burócratas... La iglesia católica, los gobiernos populistas, los dictadores y los que nos respetan la vida animal y vegetal son objeto de sus críticas:

“Me hago responsable de mis frases siempre y cuando no me las cambien ni me las saquen de contexto”.

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