domingo, 20 de febrero de 2011

Las muertes de José


Carlos Andrés Pérez Trujillo

Tomado de:http://www.diariodelhuila.com/noticia/11163

A José Eustasio Rivera Salas, ‘Tacho’ o Tachito como lo llamaba su familia, lo hemos venido matando después de su muerte, el primero de diciembre de 1928. Pese a esto, los colegios lo recuerdan, los concursos lo ponen como impronta, el Centro de Convenciones más importante de Neiva lleva su nombre, un barrio en la capital del Huila lo menciona. ¿Es suficiente todo esto?

¿Hemos matado la memoria de José Eustasio Rivera Salas? Muchos consideran que no hemos sido lo suficientemente gratos para mantener viva la memoria del principal escritor del Huila. Veamos:

La primera vergüenza

“José Eustasio es un eterno desconocido en el Huila. Para vergüenza, mientras en París hay un museo de José Eustasio Rivera, en Neiva la casa donde nació el escritor se encuentra las instalaciones del cuestionado DAS. Ya con eso tiene uno para sentir vergüenza”, afirmó de tajo la profesora Cecilia Repizo, Directora de la Editorial de la Universidad Surcolombiana y docente del programa de Literatura, quien no midió palabras en decir que al escritor lo habían echado del Huila.

Este desprecio aún se mantiene. Ayer, que debió celebrarse los 123 años del nacimiento de Tacho, un cómplice silencio empañó la fecha. Entre tanto, en las instalaciones del Departamento Administrativo de Seguridad, como era de esperar, fue un día común.

Sergio Calderón Prada, ingeniero y nieto de Margarita Rivera, hermana a su vez de José Eustasio Rivera, ayer desde la ciudad de Manizales habló con DIARIO DEL HUILA, sobre la casa que fue de su familia, “la casa de J.E.R. hay que recuperarla para el anhelado museo. La mejor memoria, además de estudiar su legado literario y sociopolítico, periodístico y literario, hay que pedirle a la clase política del Huila que haga realidad el contenido de la ley 40 de 1929. Además de hacer algo en torno al mausoleo de la familia Rivera Salas en el Cementerio Central de Bogotá que está en estado de franco deterioro”, afirmó el descendiente del escritor con gran preocupación.

Entre tanto, la secretaria de Cultura Departamental, Nubia Estela Monje, al preguntársele sobre el tema afirmó que en el edificio de la Biblioteca Departamental, en una de sus salas se encuentran “todos los textos de Rivera”, donde realmente no está la mejor biografía que le han hecho al escritor (Horizonte Humano Biografía de J.E.R-Eduardo Neal Silva), ni mucho menos, las calificaciones del pequeño Tacho, ni los manuscritos de la primera edición de La Vorágine, que esta entidad se negó a recibir hace más de dos años.

En relación con la casa, dijo: “esto tendría unas implicaciones de costos, de planos para volver a construir la casa para restaurarla. Ahora no hay disponibilidad financiera para ese tema. Pero es que más que los contenedores, hay muchas casas que se han reconstruido y se han caído otra vez. Se trata es de la acción, de que la gente se empodere de la literatura. Perdóneme, pero acá en la Biblioteca Departamental tenemos todas las obras de Rivera”, explicó la Secretaria.

Por su parte el ex magistrado y ex senador, Guillermo Plazas Alcid, quien fue el precursor de la Ley 42 de 1988, que dio origen a la fundación Tierra de Promisión, que a su vez implementó hace 24 años la Bienal Nacional de Novela ‘José Eustasio Rivera’, recordó que para 1955, cuando él cursaba el grado sexto de bachillerato en el Colegio Nacional Santa Librada, el rector de esta institución Jenaro Díaz Jordán, quien a su vez fue compañero de estudio de J.E.R. en el municipio de Elías, los obligó a ir hasta la calle que llamaban El Chorro, más tarde Calle del Camellón; allí celebraban un especial acto en homenaje al cincuentenario del Huila: “Ahí, entonces era la casa de Rafael Azuero Manchola, ex Presidente de la República y figura de primer orden de nuestra historia política. Para conmemorar y para registrar históricamente ese hecho, el Doctor Azuero, invitó al poeta Rafael Maya para que descubriera una placa donde se mencionaba que ahí existió la casa de Rivera. El poeta pronunció una conferencia en ese entonces y el rector del nuestro colegio, nos ordenó ir en comunidad a escuchar al maestro Maya. Son de esos episodios que tengo frescos en mi memoria, esa ceremonia”, comentó.

Plazas Alcid, finalmente indicó que sus deseos es que exista una casa-museo del escritor, de no cederse la casa esperada, él ofreció las instalaciones donde funciona la Fundación Tierra de Promisión.

Segunda vergüenza

Hace 23 años, el descendiente de Rivera, Sergio Calderón, después de cargar por muchos lugares del país, donde era requerido como ingeniero, los originales de La Vorágine, tomó consciencia de la importancia de ellos luego de que la Biblioteca Luis Ángel Arango hizo una publicación donde daba cuenta de los escritos.

Desde ese tiempo los ofreció a esta biblioteca, al Ministerio de Cultura, a la Casa de la Poesía Silva y la Universidad Central de Bogotá, también a la Secretaría de Cultura del Huila, sin que nadie definiera el mecanismo de su cuidado.

“Ello es competencia de los respectivos responsables, con quienes en algunas pocas ocasiones intercambiamos ideas y propuestas en las que ellos debieron haber hecho gestiones locales en la maraña burocrática del Departamento y nunca se concretó forma alguna para alojar esa documentación, cuya seguridad y adecuada conservación yo les proponía como condición, condiciones que la Biblioteca Nacional en Bogotá sí tiene, además de ser el templo de la cultura documental y bibliográfica nacional...”, afirmó Calderón, refiriéndose a la secretaría huilense.

“El escritor y ex gobernador de Antioquia Jaime Sanín Echeverry reveló en los años 60 que Calderón se los dejó revisar una noche en un campamento en la región de Urabá, camino a Turbo. Ya a comienzos de los 50 los manuscritos habían viajado ida y vuelta a los Estados Unidos para que el biógrafo Neales-Silva los estudiara y enriqueciera su libro Horizonte Humano, según consta en una carta de agradecimiento a Calderón…”, recordó hace dos años el periodista Nelson Fredy Padilla en el periódico El Espectador. Además añadió, “Me quité un gran peso de encima, siento desahogo y satisfacción de dejar este legado histórico en manos de una casa madre de la cultura para que le dé el uso adecuado y la obra de José Eustasio Rivera no se borre de la memoria de los colombianos”.

Tercera vergüenza

Una figura como la de José Eustasio resalta de manera abismal, afirmó el escritor huilense Betuel Bonilla, quien recientemente publicó un ensayo sobre el autor (J.E.R.: un escritor Latinoamericano para el mundo), “efectivamente no hay un sitio en el Huila que aglutine de manera seria, organizada, su memoria”.

En lo que tiene que ver con la reproducción de la obra literaria de Rivera, es escasa. Esto lo reconoce la Secretaria de Cultura del Huila, quien afirmó que “deberíamos apuntarle a nuevas ediciones, me parece viable”, dijo.

La más completa edición que se ha realizado sobre La Vorágine, es de la editorial Ayacucho de Venezuela. El Huila cuenta, en la Sala ‘José Eustasio Rivera’, con una gran cantidad de ediciones de esta obra y del poemario Tierra de Promisión, en una gran vitrina que solo tiene de utilidad la exhibición. No hay una publicación de esta única novela, editada en el Huila, a la altura del autor. “Siempre se hacen cositas con pañitos de agua tibia, que aparentan ser un homenaje, que no son sino ridículos”, comentó Bonilla.

La académica Cecilia Repiso, por su parte dijo que ella había propuesto a la Universidad editar una obra de lujo de La Vorágine a través de la Editorial de la Universidad Surcolombiana, así mismo como la edición de María que realizó la Universidad del Valle y la Universidad Externado de Colombia, pero le dijeron que no había plata, y para eso “se necesitan unos 40 ó 60 millones”, recalcó la docente, al tiempo que dijo que el supuesto museo que hay en el Huila es una sala pequeña, “tienen una mentalidad de dos dedos de frente. Acá no hay nada grande, todo se hace con una mentalidad chiquitica. En Göttingen, Alemania, las universidades regalan de recordatorio a los estudiantes La Pastora de los Hermanos Grimm, Para honrar la memoria de estos escritores. A cada estudiante le dan una Pastora. Nosotros le podíamos regalar una Paloma Torcaz (poema de Rivera) a los niños, a los egresados de la Surcolombiana. Eso suena raro, de locura, pero sería una manera de perpetuar la memoria”.

“Me barrieron de un sotanazo”

Si esto lo han hecho con Tachito después de muerto, cuando su fama internacional es más abundante que la nacional; cuando su obra la leen en casi todos los idiomas del mundo. Cuando su obra fue motivo de los mejores comentarios de los más prestigiosos intelectuales de la época en América Latina, como lo fue el destacado escritor uruguayo Horacio Quiroga, quien dijo de La Vorágine que era “el libro más trascendental que se ha publicado en el Continente”.

Rivera, quien es considerado el iniciador del ‘realismo mágico’ e inspiró a laureados escritores como Rómulo Gallegos, Alejo Carpentier, Ciro Alegría y el recién Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, quien acaba de publicar ‘El Sueño del Celta’, una obra que hace un paralelo entre la explotación de caucheros en el Congo con los caucheros del Putumayo, que tanto denunció Rivera en La Vorágine.

Ese mismo escritor que cuando fue Inspector Escolar escandalizó a la sociedad neivana al pronunciar un discurso en la clausura de un colegio de señoritas, al instar a la libertad educativa y a la defensa y el empoderamiento de la mujer en la sociedad, hecho que finalmente le costó su puesto en el Ministerio de Educación.

José Eustasio Rivera, el mismo que fue criticado por el clero, especialmente por el obispo Esteban Rojas Escobar, quien vetó la lista donde él figuraba como candidato a la Cámara de Representantes en 1917, porque consideraba que era motivo de desunión entre los católicos. Ese escritor del que hoy todo el mundo habla, salió arto de los huilenses y un día dijo, “Me barrieron de un sotanazo”.

Ahora, a la vuelta de 123 años de su nacimiento, son pocas las personas que piden un verdadero homenaje para este escritor o las que imploran porque el poeta tenga un grandioso monumento que esté a la altura de su importancia, nos conformamos con el pequeño busto que pocos conocen. Como diría recientemente el profesor Jorge Elías Guebely, en el ensayo ‘Un homenaje para reparar el equívoco’, quien además es un estudioso de su obra, “La poesía no condesciende con la artimaña, ni siquiera aquélla que se ampara con las buenas intenciones. Prefiere la soledad, la distancia, la excomunión, el malditismo. El destierro ha sido la constante de los seres humanos alcanzados por la poesía o el arte, esa es su tragedia, residir en un mundo que no les pertenece, que ni siquiera pueden soslayar con un artificioso sentimentalismo”.

Este fue el caso de Rivera, el incomprendido poeta, intelectual, investigador y político, que fue como Don Quijote de la Mancha, un defensor de los oprimidos, un romántico en esencia que defendió a los explotados caucheros de la Casa Arana y que tuvo un profundo conocimiento de su entorno. “Lo que pasa es que José Eustasio no es un poeta solamente como se expresa en los manuales del colegio. No. Él es un hombre que quiere mucho lo suyo, fue un investigador que buscó archivos de los caucheros, se enteró que el problema de la Casa Arana no era solamente del Perú y la frontera, sino que está relacionado con otros colombianos y el tráfico de caucho, pero por la demanda de la producción que se hace externamente de la llantas, la Ford, el dirige una carta a Henry Ford sobre esa producción, describiéndole los detalles en caso de venir acá a lidiar con el caucho. Era un hombre de una sensibilidad social, de un conocimiento del entorno, de una intuición sobre esta parte social, no es un poeta a secas. Es un huilense que quiere denunciar con ese documento la explotación de la Casa Arana”, comentó Hilda Soledad Pachón, quien escribió el libro ‘Los intelectuales colombianos de los años veinte: el caso de José Eustasio Rivera, libro que fue galardonado por los Premios Nacionales de Literatura. Además es una apasionada por la obra de Rivera, tema que fue su tesis del doctorado Suma Cum Laude en Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Barcelona, España.

Su empeño por conocer y defender a su país lo llevó a aceptar el ofrecimiento que le hicieron de ser uno de los delegados de la Comisión de Límites con Venezuela, empresa de la que tuvo que desistir, ya que el gobierno colombiano de la época no les dio todo lo necesario y los dejó abandonados en medio de la selva. Esta y otras inconsistencia fue las que tuvo que pasar durante su vida el poeta huilense.

El homenaje en su día

Finalmente, cuenta Bonilla, que él no ve un homenaje en términos de sitios, “finalmente le mejor homenaje que se le puede hacer a un escritor es que su obra se preserve, que prevalezca en el tiempo”. Planteamiento que comparten todos los académicos amantes de su obra.

Cecilia Repiso por su parte considera que así como en Sevilla, España, hay una completa recopilación de la obra del autor huilense acá también se haga. Además considera que hace falta una ruta mapeada de los principales lugares donde estuvo el poeta huilense, con esto, dice ella, se incentivaría considerablemente el turismo.

“Es más el nombre que se tiene de José Eustasio que lo que realmente se sabe de él. Una de las cosas que debería hacer el Gobierno local y Departamental, sería reeditar los libros de José Eustasio y difundirlos en los colegios como si fueran textos escolares, textos obligatorios, porque la gente habla mucho de rivera pero no sabe quién es”, afirmó el poeta y novelista neivano Winston Morales Chávarro, quien dijo que las Fiestas del San Pedro le hacían mucho daño a la cultura, “Uno de los males del Huila es que todo lo de cultura tiene que estar direccionado hacia estas las fiestas que es lo que hace muchos años. Los gobernantes consideran que lo único que se debe tener en cuenta en el ámbito cultural son estas celebraciones”, indicó.

“A mí me preocupa que no haya una obra que el Huila haya construido en torno al escritor, que los planes de lectura no se incentive, de manera casi obligatoria la lectura de sus obras, es decir, está en el plan de estudios, pero porque a nivel nacional se designa así pero no porque el Huila lo tenga como patrón de su propia identidad, es decir, no existe. Yo hacia allá dirigiría la atención, a que ojalá se fortaleciera esa parte, el Rivera vivo que aún está entre nosotros a través de sus obras. Que sus obras se vean representadas en la ciudad”, recalcó Bonilla.

Miguel de León, quien es pintor y Director de la Biblioteca Departamental, finalmente concluyó, “para nosotros la cultura se resumen en el Reinado Nacional del Bambuco, pero Neiva no tiene galería de arte, no tiene teatro, no tiene cine, una biblioteca bien dotada, Neiva no tiene memoria, no sabemos la importancia de él (José Eustasio), no hay elementos que lo recuerden. Pero, ¿qué tenemos los huilenses para mostrarle a los colombianos?, pasar frente a la casa del DAS y decirle: esta es la casa de Rivera.

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