jueves, 29 de julio de 2010

DOMINIQUE LAPIERRE

Tomado de la revista fusion.com

DOMINIQUE LAPIERRE
Foto: NAN

SIEMPRE JOVEN

Durante años se asoció su nombre al de Larry Collins, con el que escribió varios libros de periodismo de investigación, pero actualmente decir Dominique Lapierre equivale a nombrar al autor de La Ciudad de la Alegría. Su cambio en la escritura no fue sólo un cambio literario, supuso también una evolución personal: pasar de espectador a actor. Hoy mantiene una ONG en la India con la venta de sus libros, y alimenta nuevos planes. Si hacemos caso a uno de sus mejores amigos, el abate Pierre -"uno es viejo cuando no tiene más proyectos"-, tenemos claro que la edad de Dominique Lapierre se ha detenido.

Texto: Marta Iglesias

Después de leer Mil Soles me siento orgulloso de pertenecer a una especie donde existen individuos como los tan maravillosamente descritos por el Sr. Lapierre. Espero que mi pequeña colaboración se una a muchísimas otras. Animándoles en su magnífica labor, reciban mis más afectuosos saludos". Esta es la carta de un lector de Dominique Lapierre que adjunta un cheque. Pero hay otros, como la señora Mc. Intyre, de California, que dejó de fumar tras leer La Ciudad de la Alegría y cada año envía los 1.500 dólares que antes gastaba en tabaco, o muchos lectores anónimos que envían a Lapierre sus anillos de boda para que los venda en favor de los niños de Calcuta. Los libros de Dominique Lapierre tienen ese don: uno los lee y sabe que puede hacer algo, igual que los personajes de las obras de este escritor francés.
Viene a España a dar una conferencia. Es más mayor que las fotos de contraportada de sus libros, pero en cuanto se ríe -cosa que sucede muy a menudo- su rostro no tiene edad. Gesticula y chapurrea un español poblado de superlativos y de consonantes francesas, sin rastro de ese acento andaluz que aprendió de El Cordobés. Dominique Lapierre no se cansa de contar cómo cambió su vida: un día de 1981 desembarca en Calcuta con su esposa, separado provisionalmente de su hermano de escritura Larry Collins para realizar proyectos personales. Ocho años antes, los dos autores habían descubierto este país cuando escribieron Esta noche la libertad -sobre Gandhi y la historia de la India-, y Lapierre quiere expresar su gratitud al país que le ayudó a parir este best-seller. Toma una parte del dinero proveniente de sus derechos de autor y parte hacia la India para dárselo a una ONG que actúe sobre la lepra, un mal contra el que Gandhi había luchado. Se entrevista con la Madre Teresa para ver a quién es mejor donar los fondos y ella le envía a James Stevens, un antiguo comerciante londinense que está a punto de cerrar su hogar Resurrección por falta de fondos. Lapierre no lo duda y entrega el dinero a este héroe anónimo que llevaba 15 años sacando de la miseria y la muerte a miles de hijos de leprosos; también se compromete a hacer transferencias mensuales para seguir manteniendo el hogar. Pero el gran cambio se producirá al año siguiente, cuando Stevens le lleve a conocer La Ciudad de la Alegría, uno de los barrios de Calcuta. Lapierre se queda dos años y escribe el libro con el mismo nombre que se convertirá en un best-seller y luego en una película. Pero Lapierre no sólo ha cambiado su tipo de escritura. Su vida ha dado un vuelco: vende su gran casa de catorce habitaciones y se muda a otra de cuatro, cede la mitad de sus derechos de autor para los leprosos indios, nace la Fundación Dominique Lapierre Ciudad de la Alegría, mientras escribe Más grandes que el amor enferma de cáncer y lo vence, escribe Mil Soles...

"Para mí, la amistad es la capacidad de compartir con una persona todos los valores de la vida."
Foto cedida por Dominique Lapierre


-¿Por qué decidió abandonar el periodismo de investigación y dedicarse a una literatura más personal y comprometida?
-Porque yo creo que es muy importante que un escritor, que un periodista, se esfuerce en trabajar en todo el mundo con las tragedias, con las catástrofes, con las guerras... pero no solamente para ser un testigo, sino para ayudar en algún momento de tu vida. De testigo se puede pasar a ser un actor para cambiar las injusticias y traer un poco de ayuda a la miseria del mundo.

-¿Cree que son más importantes los libros personales que los de investigación?
-No, no. Pero es interesante en un momento de tu vida poder cambiar.

-A los 17 años hace un largo viaje, luego escribirá periodismo de investigación con Larry Collins, se pasa a una literatura personal y finalmente se compromete totalmente con las causas en las que cree. ¿Qué valores han marcado su vida en cada etapa?
-Creo que encontrar gente extraordinaria, verdaderos héroes de nuestro mundo, y que son personas que viven en condiciones infrahumanas, en sitios del mundo que son infiernos. Y, a pesar de todo eso, mantienen una dignidad, una capacidad de luchar, de quedar de pie, tienen una capacidad de compartir con los que son más pobres que ellos, una calidad de esperanza, una calidad de amor... que para mí fueron un ejemplo extraordinario. Ellos demuestran la capacidad que tiene el hombre de ser más grande que la adversidad, y he pensado que en el Occidente rico -donde tenemos todo y no lo sabemos, donde nuestros niños piden siempre más-, mi testimonio puede ser importante.

"Creo que la ONU no puede conocer exactamente las necesidades de los más pobres. La burocracia internacional gasta mucho dinero inútilmente."


-¿Pero cuáles son los valores que le mueven a usted?
-Nunca desesperar, tener siempre la voluntad de remontar todo, el valor, la fe, la alegría y, por supuesto, la dignidad.

-¿Qué sucedió, en su caso, para pasar de la contemplación a la acción?
-Fue el encuentro con gente como la Madre Teresa de Calcuta, como el inglés Stevens... el encuentro con héroes que me han dado un mensaje de esperanza, un ejemplo de que podemos cambiar las injusticias. Que la miseria no es una fatalidad, que hay en el mundo gente que no se llaman Noriega y que son gente extraordinaria.

-¿Fueron esas personas las que le impulsaron a cambiar su vida cuando ya tenía 50 años?
-Sí, fueron esos encuentros.

-Ha vendido su casa, donado sus derechos de autor... ¿qué es lo que le queda?
-Me queda la voluntad de continuar en ayuda humanitaria, el amor de mi esposa y otras cosas (se ríe).

"Mis valores son no desesperar nunca, tener siempre la voluntad de remontar todo, la valentía, la fe, la alegría y, por supuesto, la dignidad."


-Hablando de su esposa... Me llama la atención que en todas las fotos de sus libros sale usted con su mujer, que además comparte sus proyectos, sus cambios y sus viajes. Sin su colaboración, ¿hasta dónde habría llegado?
-Formamos un equipo y es extraordinario poder compartir una acción humanitaria con una persona que también tiene la voluntad de ayudar y que posee un corazón más grande que el Himalaya.

-En la India vio directamente los problemas de los desfavorecidos y fundó una ONG para solucionarlos. ¿En qué se diferencia esta forma de trabajar al pie de terreno, con la de la ONU y otros organismos?
-Creo que la ONU no puede conocer las necesidades de los más pobres, porque un empleado en un building de Nueva York no puede saber exactamente cuáles son las necesidades de un campesino pobre de Bengala. Y para mí lo importante es viajar cuatro veces al año para vivir con esa gente, para descubrir cuáles son las prioridades que debemos tener. Yo creo que la burocracia internacional gasta mucho dinero inútilmente.

"Es muy importante que un escritor se esfuerce en trabajar en todo el mundo con las tragedias, pero no solamente para ser un testigo, sino para ayudar en algún momento de su vida"
Foto cedida por Dominique Lapierre


-La Ciudad de la Alegría es un canto a la amistad, ¿qué es para usted la amistad y dónde la ha encontrado?
-Es más que un canto a la amistad, es un canto al amor, a la esperanza... es un canto a muchas cosas. Trata de personas que no tienen nada, pero que parecen tener todo porque tienen capacidad de compartir. Y para mí la amistad es la capacidad de compartir con una persona todos los valores de la vida.

-Pasa la mitad de su tiempo en Francia y la otra mitad en la India, dos mundos muy diferentes. ¿Se siente alguna vez solo o incomprendido?
-No, no, no. Para mí es muy importante regresar a Calcuta para tomar las vitaminas de esa gente y venir a aquí a España para tomar las vitaminas de mis amigos españoles.

-Cuando usted fue por primera vez a la India, ¿por qué cree que la gente le aceptó y le abrió las puertas de su casa y su corazón?
-Yo creo que la gente entendió enseguida que no estaba allí para hacer un juicio de valor, que estaba solamente para entender las cualidades de su cultura, su civilización, para conocer a la gente. Supieron ver que era un amigo y no una persona que iba para juzgarles. ∆






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