martes, 24 de mayo de 2011

Se apaga la voz del maestro Roberto Sosa

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A los 81 años el poeta Roberto Sosa dejó de existir, ahora queda su abundante obra poética y ejemplo de compromiso con su patria y sus semejantes.

La madrugada de ayer, a las 2.20 am, el poeta Roberto Sosa expiró de un paro cardíado en un hospital de Tegucigalpa, ciudad que lo adoptó cuando en 1963 llegó desde la costa norte de Honduras. Había nacido el 18 de abril de 1930 en el municipio de Yoro, departamento del mismo nombre.

Las circunstacias de la vida, personal y literaria, lo convirtieron en un hombre huraño, aunque solidario, amante de su patria y comprometido en pensamiento y palabra con los marginados y excluidos; poemas como “Los pobres” y “La casa de la justicia” lo demuestran.

Eduardo Bähr, quién conoció a Roberto Sosa en la vieja Escuela Superior del Profesorado en 1965, expresa que “hay que considerar en primer lugar, que a sus 81 años la personalidad de Roberto Sosa nunca dejó de ser congruente con su propia obra y sus propios actos.

Algunos lo consideraron aislado en sí mismo, pero la indefensión económica con la que pasó a otras dimensiones nos demuestra que toda su vida estuvo preocupado por los demás antes que por su persona”.

Su cuerpo ha sido velado en el auditorio de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, Unah, informó la rectora de la máxima casa de estudios, Julieta Castellanos, quien expresó su pesar por la muerte de uno de los más grandes poetas del país.

Había vuelto a la universidad de donde un día de 1980 fue obligado a renunciar como profesor de Literatura Hispanoamericana por el entonces rector, Oswaldo Ramos Soto.

Al duelo nacional también se unió el presidente Porfirio Lobo Sosa, que envió sus condolencias a través de la televisión nacional: “Permítanme expresar a doña María Lidia, sus hijos Blanca Leonor y Diana, nuestras más profundas condolencias por la pérdida de don Roberto Sosa, un símbolo de la cultura y de la solidaridad con los más necesitados”.

Dos libros fundamentales

El nombre de Roberto Sosa se conoció a nivel internacional en 1968 cuando ganó en España el premio Adonais de poesía con “Los Pobres”, libro que contiene el poema homónimo más conocido de Sosa.

Con “Los Pobres” se convirtió en el primer escritor americano no residente en España que alcanzó el premio Adonais.

Tres años después, en 1971, gana en Cuba el premio Casa de las Américas con su poemario “Un mundo para todos dividido”, otro texto donde muestra su compromiso social. En 2007, en la capital cubana Casa de las Américas organizó un homenaje por el 35 aniversario de la publicación de este libro de Sosa.

Nunca escondió su relación de amor con Cuba y su inclinación por la izquierda, aunque él mismo siempre aclaró que “no soy un hombre de partido”. Palabras recogidas en la revista Nocturnal de junio de 2008.

Dos libros fundamentales

Entre otros premios, Sosa obtuvo el Juan Ramón Molina, Ramón Amaya Amador, Itsamná y el Nacional de Arte Ramón Rosa. En 1990 fue distinguido por el Ministerio de Cultura de Francia con la Orden de las Artes y las Letras en el Grado de Caballero.

Recientemente, el poeta había sido notificado que recibiría el premio Rafael Alberti.

Además dirigió numerosas revistas literarias y galerías de arte, y fungió como profesor de literatura y escritor residente en el Upper Montclair College de Nueva Jersey. También tenía un master en literatura de la Universidad de Cincinnati, Ohio.

Entre la obra poética publicada por Roberto Sosa figuran “Caligramas” (1959), “Muros” (1966), “Tegucigalpa” 1966, “Mar interior” (1967), “Los pobres” (1968), “Un mundo para todos dividido” (1971), “Secreto militar” (1985), “Hasta el sol de hoy” (1987), “Máscara suelta”, (1994), “El llanto de las cosas” (1995).

El poeta amigo

Eduardo Bähr, describe brevemente la personalidad de Roberto Sosa: “Plática mordaz e inteligente; claridad meridiana en el análisis, y la solidaridad a flor de piel. Nunca tuvo nada, pero ¡qué importa! Si hubiese tenido todo lo hubiese dado. Era una dicha oírlo, era una dicha leerlo y ahora, es una dolorosa dicha recordarlo y sentir que platica con nosotros sin que tengamos que apurar el paso”.

Helen Umaña quien, como Sara Rolla, han estudiado y analizado la obra del poeta Sosa, recuerda: “Al principio me sorprendía verlo caminando por las calles, yo no estaba acostumbrada a eso, no en Guatemala. Luego surgió una amistad muy profunda, yo estoy en deuda con él. En esa época él viajaba a San Pedro Sula porque tenía la revista ‘Presente’ y una sección que se llamaba ‘100 pies cojo’ en un diario local.

Desde la década del 80 él me comenzó a publicar mis trabajos sobre otros poetas”.

Hoy, los restos mortales del poeta serán sepultados, pero su voz no se apagará, seguirá viva en sus versos.

Los Pobres

Los pobres son muchos
y por eso
es imposible olvidarlos.

Seguramente
ven
en los amaneceres
múltiples edificios
donde ellos
quisieran habitar con sus hijos.

Pueden
llevar en hombros
el féretro de una estrella.

Pueden
destruir el aire como aves furiosas, nublar el sol.

Pero desconociendo sus tesoros
entran y salen por espejos de sangre;
caminan y mueren despacio.

Por eso
es imposible olvidarlos.

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